Hace unos años visité las ruinas de Segóbriga, la ciudad romana. Todas las acuarelas miden 14x19 cm.
sábado, 8 de agosto de 2020
jueves, 7 de mayo de 2020
CUADERNO FUNDACIÓN RODRIGUEZ ACOSTA
Hace unos meses compré un cuaderno de papel de acuarela de 42x30 cm. la semana pasada lo recorté a la medida de 30x30 cm. y sobre él he pintado 23 acuarelas, con el único tema de la Fundación Rodriguez Acosta.
miércoles, 22 de abril de 2020
ITALO CALVINO Y PEDRO CANO
Italo Calvino y Pedro Cano
se conocieron una tarde de marzo de 1984, con motivo de una exposición que el
pintor estaba realizando en la Galleria Giulia, de Roma. Los dos artistas y la
mujer de Italo Calvino, Chichita Calvino, estuvieron hablando un buen rato y
Pedro le preguntó al escritor por el motivo de su visita, Italo Calvino le
respondió que le había llamado la atención los espárragos y los hinojos que
ilustraban el cartel de la exposición.
Poco tiempo después de
aquel encuentro, en septiembre de 1985, Italo Calvino murió. A finales de 1989,
Pedro estaba realizando otra exposición en Roma, cuando apareció otra vez por
la galería Chichita Calvino, y esta vez acompañada de Aurora Bernández, la
mujer de Julio Cortázar. En aquel nuevo encuentro, Chichita Calvino le regaló a
Pedro Cano, un ejemplar de la primera edición del libro “Las ciudades
invisibles” diciéndole que extrajera de aquel libro material para su trabajo.
Según confiesa el propio
Pedro Cano, aquel libro lo acompañó durante varios años en sus viajes, y de vez
en cuando, anotaba en sus páginas alguna idea que le surgía relacionada con las
ciudades del libro.
Al cabo de un tiempo,
Pedro Cano pintó 55 acuarelas, en papel hecho a mano. Y con ese trabajo realizó
varias exposiciones en diferentes ciudades de Roma y España. Dejando para
siempre unido la literatura y la pintura en uno de los trabajos más exquisitos
del arte, trabajo que puede verse integro, en la Fundación Pedro Cano, situada
en Blanca, su ciudad natal, en pleno Valle de Ricote, en Murcia.
domingo, 19 de abril de 2020
CLAUDE MONET / PINTOR DE LUZ
Claude Monet
fue un pintor luminoso, que le gustaba pintar la luz, y por eso pintaba muchas
veces la misma fachada de la catedral de Ruan, y desde el mismo punto de vista,
porque Monet no estaba pintando la fachada, sino la luz que tropezaba y
resbalaba por las filigranas de la piedra.
Monet eligió
deliberadamente pintar un objeto banal, los almiares de paja del campo, porque él quería pintar
la luz de la mañana, de la tarde, del invierno, del mediodía, no le interesaba pintar
los almiares, quería pintar la luz que se posaba sobre ellos.
Cuando viajó
a Londres, no pintó una postal del parlamento de Londres, pintó muchas veces la
bruma de la mañana, la luz suave de la tarde, del mediodía, con nubes, sin
nubes…pintó la luz de Londres, no el parlamento de Londres.
Al final de
su vida, cuando la vista le fallaba mucho, Monet pintó la luz del agua que
trascurría por su jardín, los reflejos que producían en el agua las sombras de
los árboles, el brillo del puente japonés, la luz del amanecer, del atardecer…
siempre la luz. Para Monet, los objetos eran simplemente el lugar dónde
descansaba la luz.
jueves, 2 de abril de 2020
LIBROS
En mi décimo
cumpleaños, allá por los años 70, mis tías me regalaron dos libros que me marcaron para toda la vida:
El Lazarillo de Tormes y la Iliada; eran dos versiones juveniles, con algunas
pocas ilustraciones, que hacían más fácil la lectura para un crio tan joven
como yo.
Recuerdo que
leí aquellos dos libros sin reservas, con verdadero placer. Además, eran tan
distintos los temas que trataban los dos libros, que no me aburrieron en
absoluto, y pasaba de uno a otro, sin ningún problema.
Después de
muchos años, la querencia por la lectura todavía me tiene atrapado, y no se
explicar muy bien porque, pero cuando paso por una librería, me asomo al
cristal y me gusta ver los libros como si fueran dulces de caramelo. Y cuando
compro un libro nuevo, lo primero que hago es olerlo; me gusta el olor de un
libro recién impreso. Este gesto extraño es algo que vengo arrastrando desde
niño, cuando mi madre me compraba los libros nuevos del colegio; ese olor a
nuevo me llenaba de felicidad.
En mi vida, los
libros son algo necesario, y no porque quiera parecer un intelectual, que no lo
soy, sino porque los veo como objetos llenos de sabiduría, llenos de misterio, llenos
de imaginación. Un libro es un territorio que hay que descubrir, un territorio que
hay que explorar; y esto sucede cada vez que se abre uno de ellos.
"Libros" detalle, acuarela sobre papel.
"Libros" detalle, acuarela sobre papel.
"Libros" detalle, acuarela sobre papel.
"Libros" detalle, acuarela sobre papel.
lunes, 30 de marzo de 2020
HIEDRAS
Tengo una hiedra
en mi terraza, y el otro día había una luz muy buena para pintar, así que tomé
unos papeles y pinté estas tres acuarelas. En estos días de confinamiento en
casa, tener una terraza privada, aunque solo sea de 35 m2, siempre es una
gozada.
"Hiedra I" acuarela sobre papel, 14x28 cm.
"Hiedra II" acuarela sobre papel, 14x28 cm.
"Hiedra III" acuarela sobre papel, 14x28 cm.
viernes, 27 de marzo de 2020
FLORACIÓN 2020
El 23 de
febrero del 2020, se inauguró en Cieza (Murcia) una exposición colectiva con
motivo de la floración de Cieza; un evento que viene celebrándose en el Museo del Molino de Teodoro desde
el año 2017. Las circunstancias extraordinarias de la pandemia del coronavirus
ha hecho que se suspendieran todos los actos previstos de la floración de
Cieza, y pocos días después de la inauguración de esta exposición, el Museo del Molino de
Teodoro se cerró al público. Quiero dejar constancia en este blog, de la obra que
expuse y de algunas fotos de aquel día.
Algunos artistas en el interior
del Museo Molino de Teodoro (Cieza)
Exterior del Museo Molino de Teodoro (Cieza)
"24 flores" acuarelas sobre papel 90x100 cm.
jueves, 19 de marzo de 2020
CORONAVIRUS covi-19
Dicen que para
mejorar la vida en las grandes ciudades, están pensando juntar varias manzanas de
viviendas y hacerlas peatonales, y así crear islas de habitantes separadas del
tráfico. La verdad es que la idea es buena. Pero a mí se me ocurre algo todavía
más drástico, y es impedir que las ciudades crezcan más allá de lo razonable. Ciudades
con cinco millones de habitantes son muy vulnerables a un virus como este
covi19.
Pequeños núcleos
de población, perfectamente equipados, de veinte o treinta mil habitantes, separados
entre sí por unos pocos kilómetros, son más fáciles de aislar y de defender
ante un coronavirus.
"desde mi ventana"
oleo sobre tabla, 21x40 cm.
Todos
sabemos las ventajas de vivir en pueblos pequeños, todos sabemos la calidad de
vida que proporcionan, y si además, están perfectamente equipados con médicos, policía,
bomberos, etc. La vida se hace mucho más confortable en ellos.
Este coronavirus
está poniendo en cuestión el modelo de sociedad que estamos creando. Las ciudades
cada vez más grandes, los comercios cada vez más grandes, los hospitales cada
vez más grandes, las empresas cada vez más grandes… la verdad es que este gigantismo
social no trae nada bueno. Un hospital perfectamente equipado en un pueblo de
veinte mil habitantes, es más eficiente que otro situado en una ciudad de cinco
millones de habitantes. La policía es más eficiente en ciudades pequeñas que en
monstruos de millones de habitantes. El tráfico es más eficiente en ciudades
pequeñas que en las gigantescas.
"Cieza-balcón del Muro"
témpera sobre papel, 20x20 cm.
Hemos idealizado
exageradamente las grandes ciudades, hemos idealizado todo el ocio que nos
ofrecen, hasta los grandes centros comerciales están pensados para no salir de
ellos en todo el día. Comprar, comprar y comprar, todo está pensado para
comprar.
Parece que
la calidad de vida solo la encontramos cuando nos vamos de vacaciones al pueblo,
el resto del año trabajamos encerrados en una oficina sin ventanas. Un mes de
vacaciones y once meses trabajando, esta proporción es a todas luces poco sana.
Tal vez habría que pensar en otras fórmulas, por ejemplo: trabajar tres días seguidos y tres días de descanso, o trabajar una semana y descansar la siguiente, o trabajar un mes y descansar el siguiente. Cualquier cosa es más justa que la actual. Hace tiempo se adoptó la fórmula ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar y ocho horas para dormir. Hoy nadie discute esto. Algo habrá que hacer para mejorar esta vida de locos que llevamos todos. Con razón terminamos todos bajo una lápida que pone “descansa en paz”.
Tal vez habría que pensar en otras fórmulas, por ejemplo: trabajar tres días seguidos y tres días de descanso, o trabajar una semana y descansar la siguiente, o trabajar un mes y descansar el siguiente. Cualquier cosa es más justa que la actual. Hace tiempo se adoptó la fórmula ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar y ocho horas para dormir. Hoy nadie discute esto. Algo habrá que hacer para mejorar esta vida de locos que llevamos todos. Con razón terminamos todos bajo una lápida que pone “descansa en paz”.
"Triptico de Cieza"
témpera sobre papel
20x20 cm. cada una.
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